Planificar la sesión de Comunión de vuestros hijos es, sin duda, una de las mayores alegrías que teneis las familias. Sin embargo, a veces todo va tan rápido el día del evento que apenas podemos respirar. ¿Y si os dijera que existe la posibilidad de posponer las fotos y disfrutar de un momento todavía más relajado y lleno de complicidad? Hoy quiero contaros por qué hacer una sesión de comunión después del evento puede ser una idea maravillosa, especialmente si buscáis un reportaje fresco, natural y sin prisas.
Una forma de prolongar la magia
Siempre digo que el día de la Comunión pasa en un suspiro. Entre la ceremonia, la reunión con familia y amigos y todos los detalles que hay que atender, es habitual que al final sintamos que el tiempo vuela. Hacer la sesión de fotos días (o incluso semanas) después nos permite revivir toda esa magia con más tranquilidad, sin la presión de los horarios.
Además, me encanta ver cómo los niños retoman su traje o vestido de Comunión con una actitud diferente. Ya no tienen los nervios y la seriedad del gran día, sino que se sienten más libres para moverse y divertirse. Esta libertad se traduce en fotos llenas de espontaneidad y autenticidad, que al final es justo lo que buscamos para captar la verdadera esencia de su personalidad.
Sin miedo a las manchas
Uno de los grandes miedos en un reportaje de Comunión es que el traje o el vestido termine con alguna mancha de hierba o huella de barro. Durante el evento oficial, entendemos que hay que mantenerlo impecable, pero cuando la sesión se hace después, la mentalidad cambia. ¡Ya no pasa nada si hay alguna marca de hierba o si les entra curiosidad por subirse a una roca en la playa!
Esta despreocupación libera tanto a los peques como a los padres. Ahora pueden jugar a lo grande, correr sin límites, mancharse un poquito e incluso terminar con los pies descalzos metiéndose al agua si así lo quieren. Esa naturalidad trae momentos únicos que dan lugar a fotografías repletas de risas y complicidad. Sin duda esta es una de las razones de peso de por qué hacer una sesión de comunión después del evento.
Niños (y padres) más relajados
La tranquilidad de saber que no tenemos que ajustarnos a la fecha exacta de la Comunión es un factor importante. Podemos elegir el día en función del clima, la disponibilidad de la familia y, por supuesto, el estado de ánimo del niño o la niña. Nada de prisas ni de estrés adicional: solo nos enfocamos en pasarlo bien y capturar la alegría.
Cuando todos estáis relajados, la química durante la sesión fluye. Los niños se muestran más abiertos, con ganas de participar y proponer ideas. Los padres, al no tener la tensión de una celebración inmediata, disfrutan viéndoles brincar por la arena o columpiarse en el parque sin preocuparse por el protocolo. Personalmente, adoro esta atmósfera de conexión y colaboración.
Mejor clima y escenarios al aire libre
Dependiendo de la época del año en la que se celebre la Comunión, a veces nos encontramos con un tiempo inestable. Si esperamos un poquito, podemos disfrutar de días más soleados y temperaturas más agradables, sobre todo aquí en el norte de España, entre Cantabria y Bizkaia. El cambio de estación puede regalarnos paisajes espectaculares: el verde intenso de los prados, las playas con cielos más despejados o los atardeceres dorados en la costa.
Elegir un entorno natural para las fotos es ideal para mi forma de entender la fotografía documental y lifestyle. Sin posados forzados, sin decorados excesivos… solo la magia de los niños siendo ellos mismos, en un lugar que les invite a correr y a sonreír con total libertad. Así, cada reportaje se convierte en una aventura para ellos, y el recuerdo se hace todavía más especial. ¿Aún te preguntas por qué hacer una sesión de comunión después del evento?
Una sesión con identidad propia
Hacer el reportaje después del gran día abre un abanico de posibilidades. Por ejemplo, se puede integrar un cambio de vestuario o añadir complementos más veraniegos. ¿Por qué no ponerles un sombrero de paja o unas sandalias más cómodas? Incluso podemos combinar parte del atuendo de Comunión con ropa más informal, para reflejar dos facetas distintas de su personalidad.
También es un buen momento para que los hermanos o primos se unan a algunas fotos y surjan imágenes llenas de complicidad familiar. Y, si os apetece, podéis venir todos a disfrutar de un rato divertido junto al mar, en el monte o en algún rinconcito natural que os encante. Cuando la familia se implica, la sesión cobra vida y se llena de risas, de abrazos, de gestos que os definen y que permanecerán para siempre en vuestras fotografías.
La anécdota de meterse al agua
Confieso que he vivido momentos inolvidables en sesiones poscomunión. Me viene a la memoria una familia que decidió hacer las fotos en la playa, a primera hora de la tarde, cuando ya no había tanta gente. La peque, de primeras, se mostró muy correcta con su traje blanco. Sin embargo, al ver la orilla, le picó la curiosidad de mojarse los pies. Al cabo de unos minutos, estaba saltando las olas con su vestido y unas deportivas viejas que le habían llevado para poder correr. Y ahí estaba yo, capturando su expresión de pura felicidad.
En ningún momento hubo preocupación por ensuciar el vestido, porque ya había cumplido su función el día de la Comunión. Al contrario, los padres estaban encantados de ver a su hija tan radiante y llena de energía. Al final, resultó en unas fotos espectaculares, que cuentan una historia real y llena de alegría.
La posibilidad de jugar con la luz
Otra de las ventajas de por qué hacer una sesión de comunión después del evento, es sin duda poder elegir la hora perfecta. Normalmente, la mejor luz para fotografiar en exteriores es la que aparece al amanecer o al atardecer, cuando el sol está bajo y genera una iluminación más suave y dorada. En el día de la Comunión, suele ser complicado cuadrar estos horarios por la ceremonia y la celebración.
En cambio, cuando decidimos hacer la sesión otro día, podemos planificarlo: si a vuestro hijo o hija le gusta madrugar, ¿por qué no aprovechar el amanecer en la playa? O, si preferís un ambiente más cálido, esperamos al atardecer en un entorno campestre. Hay tantas combinaciones posibles como familias, y el resultado siempre merece la pena.
Una experiencia única para el niño
En la sesión poscomunión, los niños suelen percibirlo como un momento para ellos. Han superado los nervios de la fiesta y ahora pueden dedicarse a “desmelenarse” con libertad. Incluso pueden opinar sobre qué quieren hacer o dónde les gustaría ir. Dejadles que guíen un poquito, que propongan si quieren jugar con pompas de jabón, saltar en un charco o visitar un bosque cercano.
Cuando les involucramos en la organización, disfrutan y se sienten protagonistas. Y la actitud que muestran ante la cámara se vuelve más natural y distendida. No es raro escucharles decir: “¿Puedo hacer esto? ¿Y si me subo allí?” ¡Que sí, adelante! Para mí, la fotografía de comunión no debe ser solo una imagen de traje o vestido impecable, sino también una forma de inmortalizar la alegría y la vitalidad que caracteriza a los más pequeños.
Un final para recordar
Termino siempre mis sesiones con un sentimiento de gratitud por haber podido compartir ese momento con la familia. Ver al niño o niña empapado tras un chapuzón o lleno de hierba por haberse tirado rodando por una ladera, mientras todos nos reímos, me hace recordar por qué amo tanto este trabajo.
Al final, lo que entrego no son simplemente fotos, sino recuerdos para siempre, capaces de transportaros a ese momento único. Combinar las imágenes formales del día de la Comunión con las de una sesión posterior es una manera fantástica de contar la historia completa. Con el paso del tiempo, estas fotos se vuelven aún más valiosas. Esa es la razón más importante de por qué hacer una sesión de comunión después del evento.
Si estáis valorando cómo enfocar el reportaje de vuestro hijo o hija, os animo a considerar esta opción: posponer la sesión para hacerlo todo más relajado y auténtico. Que no haya ningún reparo en saltar, correr o mancharse. Así se consigue la verdadera esencia de la infancia, esa que recordaremos con cariño toda la vida.
¿Os animáis a probar una sesión de comunión diferente y llena de vida? Será un placer acompañaros en esta aventura.
Todas las historias merecen ser contadas, y me encantaría contar la vuestra.
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